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COLECCIONES
Colección Deslindes (textos de investigación: resultados, textos metodológicos) Colección Periplos (ensayos, trabajos teóricos, textos de naturaleza conjetural, no necesariamente atados a un método) Colección Traiciones (traducciones) Colección Prismas (compilaciones, libros de factura colectiva)
El libro propone el análisis de las necesidades de tracción requerida por la expansión agroforestal acontecida en Argentina y Uruguay a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Los distintos estudios de caso revisan la preponderancia de las especies animales empleadas en la propulsión de máquinas y herramientas de acuerdo con sus aptitudes, costo de manutención y adaptación a las restricciones ambientales. Asimismo, los procesos de sustitución parcial entre las especies animales se consideran en función de los cambios en sus precios relativos, las variaciones de los cultivos implantados, sus demandas de tracción y los diferentes requerimientos de velocidad exigidos para su procesamiento. Igualmente, se toma en cuenta las limitaciones que ciertas epizootias produjeron en los procesos de sustitución del buey por el caballo. Los distintos estudios destacan la diversidad de factores que acompañaron la toma de decisión por parte de los agricultores de aquella época en la selección del animal destinado a la tracción. De este modo, el texto brinda una imagen más amplia acerca de una problemática hasta el momento escasamente transitada por la historia agraria de América latina.
“Piensa que el tiempo es dinero”, recomendaba Benjamin Franklin a los jóvenes comerciantes de su época, queriendo inculcarles ese espíritu calculador y metódico cuyos orígenes investigaría luego Max Weber. Pero ni Weber, ni por supuesto Franklin, se percataron de hasta qué punto la frase resumía un aspecto clave no del “espíritu” del capitalismo, sino de su funcionamiento objetivo. El tiempo es efectivamente dinero porque el dinero representa el valor, el valor depende del trabajo y el trabajo, devenido abstracto, se mide en tiempo: tal es el penetrante punto de partida de Marx, que ilumina todavía aspectos fundamentales de la relación entre tiempo y capitalismo y, por añadidura, de nuestra agobiada condición temporal, en sociedades cuya tendencia es sacrificar cada minuto de nuestras vidas al proceso de valorización.
El trabajo de campo desacralizado Desafíos, tensiones y problemas de la investigación cualitativa, María Lorena Capogrossi y María José Magliano (directoras) es una compilación publicada por Ediciones CIECS en noviembre de 2024.
El libro es producto de debates intensos y reflexiones colectivas acerca de nuestras prácticas de investigación. Pero, sobre todo, es resultado de poner bajo la lupa todas aquellas tensiones, contradicciones y pasiones que quedan detrás de escena en los artículos o libros que publicamos, en las ponencias que presentamos o en las conferencias que dictamos. Es un texto que refiere a la metodología pero sin ser metodológico, hace hincapié en el trabajo de campo, pero no buscando construir un manual de “buenas prácticas” sino que intenta abrir la caja de pandora para que aquellos demonios ocultos que nos suelen acosar en soledad cuando investigamos sean desacralizados honestamente y en comunidad.
En un contexto de desolación y desencanto, donde el neoliberalismo parece haber abarcado la totalidad de la vida y se hace difícil imaginar otras formas de existencia, se vuelve imprescindible rescatar los imaginarios de resistencia que desde la literatura y el arte buscan desmontar las ideas que tenemos naturalizadas sobre las actuales condiciones de vida; como así también las experiencias de luchas sociales y políticas específicas. Creemos que es urgente cuestionar el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado que, bajo la lógica neoliberal, han hecho de la vida (no solo de la vida humana) y el cuerpo un recurso explotable, expropiable y modulable. Laboratorio de resistencias tiene como intención visibilizar diversas expresiones de la resistencia y lucha frente al neoliberalismo en nuestras latitudes, como capacidad de dar respuesta a los dispositivos de sujeción que operan sobre la vida y lo viviente. Hablamos de “laboratorio” en tanto lo concebimos como un espacio de interrogación y de experimentación de la subjetividad, donde se crean modos alternativos de vida, a distancia de una consideración individualista, empresarial y competitiva. Estos imaginarios de resistencia arrojan luz sobre las prácticas de subjetivación y las resistencias micropolíticas.
Resulta indiscutible la relación que une a quienes ejercemos el oficio de la Historia con las fuentes —generalmente asociadas a los documentos de archivo—, no solo porque no es posible hacer historia sin ellas, sino porque también suelen convertirse en materia de celos y desvelos, como ha señalado Valeria Pita. Pero el archivo no escribe la historia, sino que ofrece la posibilidad de interrogarlo, de explorar su contenido, de escudriñar sus fragmentos para escribir a partir de ellos. De un tiempo a esta parte, el archivo ha sido definido como un espacio desconcertante, colosal, vigoroso, seductor, sublime, singular, excepcional, provocador; todas palabras que lo convierten en un cofre del que, al abrirlo, emergen personajes, espectros, sombras, en múltiples situaciones que ansiamos no solo descubrir sino liberar para hacerlos danzar y poder reconocer y reconocernos en múltiples experiencias. Nos cuentan emociones vividas en otros tiempos, pero también nos las provocan cuando encontramos registros, en la falta de ellos o del acceso a la documentación, y generalmente quedan plasmadas o —según Mirta Lobato— “proyectadas en peculiares modos de escribir la historia”. Las emociones también nos atravesaron cuando la Licenciada en Archivología Noelia García nos anotició de la existencia de documentos vinculados a la Inquisición española en la Colección de Monseñor Pablo Cabrera que se encuentra en la Biblioteca Elma Kohlmeyer de Estrabou, de las Facultades de Filosofía y Humanidades y de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Hallazgo notable, ya que la documentación producida por los tribunales inquisitoriales, funcionarios y otros actores sociales que actuaron tanto en la península como en América generalmente se nos presenta de manera fragmentada, dispersa y, en ocasiones, se ha perdido de manera irremediable. Situación que se profundiza, fundamentalmente en lo que respecta a las inquisiciones que operaron al sur del virreinato del Perú y, luego, en el virreinato del Río de la Plata entre los siglos XVI y la primera década del XIX. El libro que el lector tiene en su pantalla da cuenta de un trabajo en conjunto entre profesores de la Universidad Nacional de Córdoba y de la Complutense de Madrid, quienes lo llevamos adelante en el marco del proyecto “Estudio y edición del fondo antiguo de la Colección Cabrera de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, siglos XVIII-XIX”. A lo largo de las páginas, el lector encontrará documentos que fueron individualizados y están vinculados al quehacer de la Inquisición española en lo que respecta a sus actuaciones, tanto en España como en América; y que conforman, junto a tantos otros, una colección compuesta por 13.270 piezas documentales, manuscritos e impresos. Además, hallará documentos que fueron producidos en tiempos coloniales —y por fuera de la función inquisitorial—, que nos aportan valiosa in- formación sobre la existencia de comisarios en ciudades de la región, de los que hasta el momento no se tenían noticias. En primer lugar, se ofrece un estudio sobre el origen de la Colección, la lógica de reunión y almacenamiento de documentos realizada por Pablo Cabrera, y la presencia de los testimonios que constituyen el objeto de nuestro estudio, así como el contexto de su producción ya que fueron desgajados de sus archivos originales. Luego, la puesta en valor de los distintos procedimientos administrativos que dieron lugar a los documentos —como paso previo a la identificación de cada una de las tipologías—, en base al estudio de sus caracteres internos. Y, como conclusión, la transcripción paleográfica de los diplomas de la Colección analizados.
Un niño acompaña el recorrido de un globo por las calles parisinas. Juntos van sorteando los escollos del París industrial de los años 1950. Expectantes, anticipamos la ruptura de su fulgor rojo entre las calles grises y frías; un objeto palpitante, tan frágil y suave, parece amenazado por el ambiente oscuro y ríspido de la ciudad. Sin embargo, supera los peligros desde el inicio hasta los últimos minutos. Al final, globos de todos los colores ascienden sobre un límpido cielo.
A través del cortometraje El globo rojo (1956), Albert Lamorisse ofrece un símbolo y una analogía de la infancia. Entre el gris del entorno, sobresale la pulida superficie roja del globo. Ícono de la inocencia y de la creatividad, fue expulsado de la escuela y se encuentra vagando por las calles de la ciudad. La infancia se juega entre la obligación y la imaginación; la peripecia del globo propone una metáfora provocativa, una metáfora que interpela. ¿Será posible que la educación conjugue ambas premisas: tanto la obligación como la imaginación? Acicateados por esta pregunta, este libro es el fruto de una investigación que desarrolló, explorando distintas dimensiones, la problemática de la lectura en la escuela.
Propongo una ética de escritura como forma de vida. Elaborar a partir de ciertos elementos recurrentes, gestos, obras, pensamientos que no se consuman tan fácilmente, como si nada pasara en el mundo; que exijan un cambio de posición subjetiva de parte del lector; que abran a la experiencia de un descentramiento radical, de extrañamiento respecto de sí y los otros; que abran al infinito en acto pasible de encontrar en cualquier materia: infinito de infinitos no totalizable bajo ningún predicado característico. Imagino infinidad de gestos que no respondan a la lógica del intercambio mercantil, de la equivalencia generalizada, del uno a uno, del fácil consumo; gestos que vuelven al uno contra sí mismo y lo difractan en dos, tres, infinitas partes; obras que componen de modos inéditos haciendo uso de lo anterior, de lo que hay, de lo que emerge imprevisto: materiales contingentes cuyo anudamiento resulta necesario; pensamientos que no cesan de retornar desde un futuro anterior: lo que habrá sido para lo que está llegando a ser, siempre en décalage. Desencadenar tradiciones, reanudar tradiciones, ser-en-abismo, hasta que el mundo cambie junto con nosotros mismos. Lo que propongo es, en definitiva, un giro práctico.
El libro reúne cinco artículos y un prefacio dedicados a responder a la pregunta ¿qué es la teoría política?. Se trata de una compilación de autores y autoras de reconocida trayectoria, como son Wendy Brown, William Connolly, Adriana Cavarero, James Tully y Michael Freeden, que luego de un trabajo pormenorizado con temas específicos de la teoría política se dedican a pensar el mismo estatuto de la disciplina. Cada texto presenta entonces una definición de teoría política y un modo de trabajar con la misma. En este sentido, son textos destinados a introducir al estudio de la teoría política.
Este libro emerge, como en viejos relatos, de una palabra, “archivería”, cuyo sufijo, tan enigmático como polisémico, asume en este caso la traducción de un oficio ejercido de modo conjunto por un grupo de investigadores, nucleados en torno a un proyecto que registra varios años sin cesar de renovarse, tanto en sus oficiantes como en sus objetivos.
Y aunque la archivería aparezca como reapropiación de un término que de tan encapsulado suena a neologismo, resume una operación dialéctica que aproxima antiguo y nuevo, pulsión y razón, expansión y concentración y, sobre todo, cierta tensión artesanal, casi artística, en la práctica y en la búsqueda teórica consecuente. Por esa identificación conceptual que la breve descripción de los trabajos espera mostrar, hicimos nuestra esa palabra acuñada por un amigo querido que sigue viviendo en ella.
Urgida por la afirmación de que la inquietud que produce la palabra “es para nosotros una oportunidad de dar consistencia a la lengua” que se construye al interior de los equipos de trabajo, me pregunto: ¿de qué lengua hablamos?, ¿con qué matices y variaciones la hablamos?, ¿con qué sismógrafo registrar sus movimientos en diferentes lenguajes? Y aunque por obra del azar mi pregunta pueda remitir a un libro editado hace poco en torno a un tema semejante, lo transitamos de manera diferenciada ya que en nuestro grupo de trabajo la lengua del archivo circula como diálogo entre lenguajes.
Sospecho que primordialmente lo que el grupo viene definiendo como tarea fue comprender la lengua memorizante del archivo, hecha de temporalidades con distinto espesor heterotópico, pero con la misma intención selectiva de guardar como documento la huella de una presencia humana en fuga: una letra, una imagen, un papel, una obra o un momento de la experiencia o de la acción. Y de esa comprensión primera fue naciendo una traducción interpretativa en trabajos orientados en direcciones variadas que siguieron las pautas del interés específico de uno o de varios integrantes, casi siempre movilizados por las políticas y usos del archivo. Trabajos que exploran la potencialidad arcóntica de diferentes materialidades discursivas modeladas en ciertos corpus representativos y vinculadas al cuerpo social, sin perder nunca de vista el eje de la investigación proyectada acerca de la multiplicidad de formas y tensiones que, especialmente en la actualidad, adquiere el conocimiento producido y vehiculizado mediante los archivos.