Introducción

Promediando julio de 2020, cualquier búsqueda de poner en valor las contribuciones de las humanidades y las ciencias sociales al estudio de la salud, la enfermedad y las prácticas curativas se halla atravesada por la urgencia y el miedo que acompaña el desarrollo de la pandemia de coronavirus. De hecho, la crisis actual viene requiriendo cada vez con mayor premura de abordajes que contribuyan a generar conocimientos sobre variadas temáticas clave, como el rol del Estado durante la pandemia y la pospandemia, la agudización de las desigualdades sociales en este escenario o sobre prácticas de cuidado y relaciones de género. Claro que, aunque nuestro campo de estudio cobre especial visibilidad y relevancia en los tiempos que corren, sus aportes no se agotan en la coyuntura actual, remitiendo a procesos de larga duración, generando una multiplicidad de contribuciones en el análisis crítico de las dinámicas de salud y la enfermedad, mirando tanto las sociedades del pasado como la realidad contemporánea.

Este libro retoma esta diversidad temática y de enfoques para plantear que esta compleja agenda aborda las enfermedades y “lo médico” como fenómenos socialmente construidos que trascienden los límites biológicos. Según mostramos, desde allí enhebramos un conjunto de investigaciones y propuestas de indagación que van desde el estudio del pasado de las enfermedades endémicas, epidémicas y crónicas, que se desarrollaron entre el siglo xix y mediados del xx, hasta el abordaje de las desigualdades sociales en salud-enfermedad-atención desde diversos enfoques teóricos y metodológicos. A partir de reconocer esta matriz común, presentamos una compilación que puede leerse como una iniciativa colectiva que ha interpelado a un conjunto de docentes universitarios e investigadores, reunidos desde hace algunos años en el marco del Programa “Salud, enfermedad y prácticas de curar” del Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad. Desde ese marco institucional, la organización y concreción del VIII Taller de Historia Social de la Salud y la Enfermedad en Argentina y América Latina, durante octubre de 2018, nos alertó sobre la necesidad de organizar nuestra producción a los fines de sistematizar el trabajo desarrollado, dando a conocer las temáticas y dinámicas que vienen marcando la expansión y creciente renovación teórico metodológica del campo. En efecto, hemos pensado esta compilación como una posibilidad de brindar algún tipo de orientación a quienes por una u otra razón pudieran estar interpelados por los estudios sociales de la salud y la enfermedad, especialmente en lo que refiere a la interpretación de la realidad pasada y presente de Argentina en general y de Córdoba en particular. Para ello, hemos buscado reconstruir algunas aristas presentes en los procesos de investigación que han marcado y aún siguen marcando nuestras carreras. No obstante, el lector/a no debería esperar ni un compendio de consejos ni una serie de reflexiones prácticas pensadas para “todo terreno”. En cambio, cada uno de los trabajos aquí presentados, recuperó experiencias personales, cada una de ellas proyectadas tanto como un constructo estratégico para dar a conocer problemas y alternativas que enfrentamos en variadas instancias de nuestras investigaciones como para compartir itinerarios que revelan asuntos tan subjetivos como las motivaciones, hasta elementos más mensurables, ligados a herramientas teórico metodológicas o estados de la cuestión en constante renovación.

El libro está divido en 13 capítulos organizados por áreas disciplinares, que recorren distintos dominios teórico metodológicos. La primera sección se introduce en los aportes de la Historia con el trabajo “Epidemia, estadística, periódicos y documentos. Estudiar una enfermedad olvidada: la gripe española de 1918-1919”. Adrián Carbonetti tensiona el contexto de la pandemia actual para describir la prolífera temática de investigación que él ha desarrollado durante toda una década alrededor de la “gripe española” en la Argentina, entre 1918 y 1919. Este texto, ágil y de fácil lectura, pone en perspectiva insumos teóricos y metodológicos clave en el estudio de esa “pandemia olvidada”, describiendo un recorrido que va desde su abordaje de las estadísticas y los periódicos hasta problematizaciones que interrogan las condiciones de vida de la población, el comportamiento de la gripe en cada una de las provincias argentinas y las formas y estrategias con las que los actores y las políticas estatales reaccionaron.

Como lo venimos planteando, desde hace unos años los enfoques teóricos y metodológicos de nuestro campo se hallan en renovación y por supuesto la agenda historiográfica no constituye una excepción en ese sentido. De hecho, en el segundo capítulo, “Una historia en imágenes: de objetos de estudio, andamiajes teóricos y metodologías”, María Dolores Rivero parte de situarse en ese horizonte para emprender una puesta en perspectiva de lo que ella misma llama su “cocina de la Historia”. Pensando en estos términos, la autora ofrece un recorrido por sus primeros pasos en la investigación, compartiendo cómo se acercó al campo de la historia de la salud y de la ciencia a partir de un caso de estudio concreto, poniendo en consideración sus elecciones y estrategias para la construcción de su objeto de indagación. Sin duda, su narración de algunas experiencias autobiográficas, que conectan y a la vez distinguen su trabajo final de Licenciatura y su tesis de Doctorado en Historia, interpelan de una manera particular, puesto que sus aportes en el estudio de las publicidades de medicamentos e insumos médicos fue una empresa prácticamente sin antecedentes en la historiografía local especializada. Además, aunque su apuesta remite a la exploración de variables fundamentales del oficio, también deja a la vista una problemática aun por profundizar en relación con las etapas y las complejidades que su trabajo identificó y que ahora se cuecen por el lado del estudio de las ofertas y prácticas del curar en los márgenes y fronteras de la biomedicina de fines del siglo xix y primera mitad del xx.

Luego, en el capítulo 3, Julieta Lucero Neirotti propone un primer acercamiento entre los lindes de la historiografía y los estudios de género a partir del texto “Lo mental como objeto de estudio: mis anudamientos desde el psicoanálisis, la historia y el género”. Psicóloga de profesión y actualmente doctoranda en Ciencias de la Salud, su trabajo explora sus movimientos desde unos cuestionamientos nacidos del psicoanálisis a su posterior avance hacia las ciencias sociales. De manera particular, ella reflexiona sobre ciertos avatares que vienen definiendo su investigación doctoral aún en curso. Su punto fuerte se halla cuando comienza a describir su experiencia –la primera en su trayectoria personal– en la selección y análisis de fuentes históricas primarias. En efecto, este proceso le permitió acercarse al mundo de los trastornos mentales feminizados incorporando interrogantes soslayados hasta el momento. Asimismo, estas operaciones fueron acompañadas por nuevas lecturas y perspectivas teóricas desde donde comenzar a reenfocar el estudio de la psiquiatría cordobesa entre fines del siglo xix y comienzos de xx.

Por su parte, los capítulos 4 y 5 desarrollan una original articulación entre pasado y presente favoreciendo un encuentro entre la Historia y la Sociología para rastrear lógicas de larga duración en la lectura de las prácticas de atención y también en los itinerarios terapéuticos. En el primer caso, Laura Natalia Vanadia, con su trabajo titulado “Las escenas de curación en prácticas psi: trayectorias personales e itinerarios de atención en salud mental”, pone bajo análisis distintos retratos de escenas de curación, puntualizando que estas elaboraciones, características del período fundacional de la psiquiatría, si bien tienen un valor heurístico atado a aquella etapa inaugural, sus lógicas perduran hasta el presente representando imaginarios de medicalización de la locura y situaciones de asistencia terapéutica. En ese sentido, aborda dicho universo procurando analizar ciertos elementos del fondo de las escenas de curación para interpretar desde allí diferentes elementos que aparecerían involucrados en los recorridos subjetivos de los profesionales psi y los pacientes, ambos actores protagónicos en esas producciones: para el primer caso, se interroga alrededor de aspectos inherentes a la filiación y el rol profesional; en cuanto a los pacientes, indaga cómo las condiciones de su mundo de vida participarían en sus trayectorias de salud. Así, la particularidad de su envite analítico reside en proponer un recorrido por los principales resultados de su propia trayectoria en investigación y sus propias experiencias como especialista en el campo profesional de la atención de las patologías mentales.

En el segundo caso, “Experiencias subjetivas y construcción de un objeto de estudio: itinerarios terapéuticos y representaciones sociales sobre el cáncer”, Francisco Fantini retoma algunos renglones centrales de su tesis de Maestría en Sociología, ingresando en el análisis de los itinerarios y trayectorias de atención de pacientes oncológicos para abordar la utilización de una pluralidad de formas de alivio de sus malestares. Resulta sumamente interesante cómo pone en perspectiva estos procesos, rastreando algunas dinámicas históricas asociadas con los debates médicos en torno a los diagnósticos y terapéuticas sobre el cáncer o la creación de instituciones para investigar y combatir la dolencia. En esta línea, profundiza algunas lecturas sobre ciertos avatares en la medicalización que modelan creencias y prácticas saturando de significados el mundo de la enfermedad y la salud, fenómenos con intensidades variables a lo largo del tiempo y por supuesto con una penetración despareja en la trama social urbana. Uno de los aportes más interesantes de este trabajo se vincula con ofrecernos la posibilidad de asociar los ritmos y rasgos del proceso de medicalización con las distintas representaciones sociales que construyen los pacientes oncológicos de la ciudad de Córdoba respecto del cáncer y sus modos de atención como parte de una adopción crítica del modelo biomédico dominante.
En el capítulo 6, “Deshilando entre Género e Historia: experiencias personales desde la Historia Social de la salud y la enfermedad, Córdoba, Argentina”, María Laura Rodríguez pone su atención en una suerte de microhistoria dirigida a recorrer los encuentros y desencuentros entre la Historia y el género. En líneas generales su contribución se divide en dos grandes bloques. Por un lado, retoma los años de su formación de grado interrogando el proceso de inclusión de las perspectivas teóricas feministas en la Escuela de Historia de la Universidad Nacional de Córdoba desde los años 1960 hasta la actualidad; para ello recupera documentación académica pertinente, cuyo análisis completa con entrevistas a actores clave. Por otro, realiza un recorrido a través de su trayectoria y mostrando cómo el género devino un elemento constitutivo para abordar la historia de las profesiones en salud, la medicalización y la ciencia médica.

A decir verdad, en distintos lugares de nuestro libro es posible encontrar insumos para reflexionar sobre la imperiosa necesidad de emprender un trabajo personal y académico que habilite una subjetividad capaz de oponerse a las jerarquías de género. No obstante, serán los capítulos 7, 8 y 9 los que acrediten con más solidez este tipo de aportes, enfatizando que los estudios de género y salud han permitido el desarrollo de todo un movimiento de fortalecimiento de los derechos de la mujer y de enfermos, contribuyendo a interrogar las desigualdades en la relación médico/a paciente, en cuanto a los desarrollo de los saberes y tecnologías médicas o los esquivos derechos reproductivos.

En esa sección se cuentan los trabajos de Lorena Saletti-Cuesta, “Lo académico es también personal: recorridos en el estudio de las desigualdades de género y salud”, donde analiza su recorrido profesional y académico en el campo de los estudios feministas y de la salud pública. A través de su devenir biográfico, ella posiciona a la ciencia como una práctica social, situada donde converge lo personal (y político) y lo social. En su escrito, también remarca la importancia de reconocer los ejes de la desigualdad social en la construcción del conocimiento científico y en su propio rol como investigadora, y posiciona al feminismo como una práctica clave para poner de manifiesto y transformar las distintas prácticas de poder que la profesión conlleva.

En segundo lugar, en “Recorridos de una tesis feminista sobre reproducción asistida”, María Cecilia Johnson aborda el proceso subjetivo que implicó el diseño metodológico del desarrollo de su tesis doctoral en estudios de género sobre experiencias de mujeres usuarias de técnicas de reproducción humana asistida. Su escrito recorre las motivaciones académicas que la llevaron a elegir su tema y a situarse dentro de determinadas teorías y anclajes metodológicos. Con ello, busca dejar explicitada su propia historia personal como un elemento subjetivo que, como ella señala, muchas veces la propia lógica académica busca silenciar frente a lo no positivamente objetivo.

A continuación, en “(Auto) reflexiones en torno a la construcción de una agenda de investigación en salud y género”, Lila Aizenberg analiza las articulaciones que formaron parte de sus indagaciones en el campo de la salud y del género. Explica cómo el devenir de la elección de sus temas de investigación, asociados a la interculturalidad y la salud migratoria, surgen de procesos donde convergen la propia biografía, la sensibilidad social y los caminos más formales e institucionales de la academia, en donde manifiesta la importancia de colocar la pasión como un eje indiscutido del quehacer científico.

Finalmente, la tercera sección del libro reúne cuatro capítulos –del 10 al 13– sobre trayectorias de investigaciones epidemiológicas en las que se articulan diversos desafíos teórico-metodológicos en las distintas etapas de los recorridos académicos, en clave autobiográfica. En la descripción de las experiencias que vertebran este eje se recorren aspectos de la salud en la niñez, la adolescencia y la adultez, enfatizando la importancia de la perspectiva del ciclo vital y de la epidemiología social para mostrar las persistentes desigualdades sociales en los procesos de salud, enfermedad y atención. Aun en la heterogeneidad que albergan estos trayectos, es posible identificar denominadores comunes subyacentes, entre los que se destacan la consideración de distintas perspectivas y niveles de análisis, así como las miradas interdisciplinarias. A lo largo de estos capítulos, se reconoce tanto la importancia y los desafíos de la integración como la subjetividad implícita de las investigadoras con aquello que se estudia.

Silvina Berra, en “Miradas y desafíos de la investigación epidemiológica en salud en la niñez y la adolescencia”, nos presenta experiencias y reflexiones basadas en su trayectoria académica y personal en el estudio de la salud de las infancias y adolescencias. Destaca los desafíos metodológicos durante su recorrido, revelando la complejidad imbricada en el proceso de investigación que desarrolla. Comparte, además, conceptos e instrumentos intercalando en su descripción los valiosos resultados ya logrados e interrogantes actuales. A lo largo de su relato, revela la importancia de trascender las miradas adultocéntricas y propender a generar los canales de participación necesarios para escuchar la voz de niños, niñas y adolescentes. Asimismo, resalta la necesidad de reunir esfuerzos para la traslación de los resultados a la acción, puente imprescindible para que la ciencia contribuya efectivamente a mejorar la calidad de vida de la población.

En consonancia con esta línea de estudio, Emilse Degoy nos presenta “Salud y desempeño académico: tramas en el estudio de su relación”, en el cual va hilando experiencias trascendentales de su vida personal con su recorrido académico con el fin de poner de relieve cómo los procesos académicos y personales están profundamente entramados. Nos comparteciertas elecciones teórico-metodológicas realizadas en el transcurso de su carrera doctoral, que la llevaron a comprender cómo la salud, en tanto recurso vital, influencia el desarrollo de funciones, aspiraciones y el desempeño escolar. Devela en este recorrido algunos puntos de confluencia entre vicisitudes teórico-metodológicas durante su investigación doctoral y acontecimientos vitales.

Luisina Rivadero, en “Devenir plurales: la comunicación en la práctica investigativa interdisciplinaria”, expone sus interrogantes a la hora de insertarse en el mundo académico y transitar en él, intercalando el relato con reflexiones y referencias a experiencias personales. Destaca, reconoce y comunica las implicancias de la Fonoaudiología en el campo de la investigación científica, disciplina en cuya génesis confluyeron varias áreas del conocimiento para derivar en un producto sui generis en constante crecimiento y consolidación. Revitaliza en este recorrido a la comunicación como la estrategia clave para forjar abordajes más plurales y holísticos.

Por último, Natalia Tumas, en “Intersecciones entre las ciencias sociales y de la salud: experiencias en la construcción de un objeto de estudio”, comparte cómo fue articulando diversos enfoques, perspectivas, disciplinas, teorías, metodologías y niveles de análisis con el fin de avanzar hacia una comprensión más integral de la problemática del cáncer de mama. De ese modo, expone cómo fue transformando su propia manera de mirar el objeto de estudio y cómo ciertas respuestas abonaron nuevos interrogantes, retroalimentando el proceso y originando también nuevos horizontes. Destaca los desafíos y potencialidades del campo de estudio situado en la yuxtaposición de las ciencias sociales y de la salud, así como la naturaleza creativa de la investigación. Reflexiona, además, sobre los procesos que permiten transformar la manera de mirar el campo de estudio y de interpelarse, los que confluyen a veces en una relación tan dialéctica como subjetiva.

En suma, a través de estos escritos buscamos compartir nuestras cocinas de investigación en el campo de la salud, la enfermedad y las prácticas de curar. Procuramos así que estas reflexiones compartidas sean de utilidad para quienes hoy están transitando distintos momentos y procesos de indagación. Sobre todo, esperamos que puedan transmitir la pasión que todos/as los/as que escribimos aquí sentimos a la hora de hacer investigación porque estamos convencidos/as de que, sin pasión, no hay conocimiento.

María Laura Rodríguez
Lila Aizenberg
Natalia Tumas
Invierno pandémico de 2020

Prólogo

Inesperada y bella sorpresa el libro de Carlos Salamanca. Por dos razones. La primera: sucedió mientras lo leía algo que siempre encontré en las historias de las ciencias, pero de lo que nunca hubiera sospechado me vería como protagonista. Me refiero al hecho de que los investigadores de todos los saberes podemos trabajar largo tiempo en paralelo con otros, sin percatarnos de ello y, luego, son terceros del campo quienes nos informan acerca de la obra de nuestros alter ego. En este caso, tuve la fortuna de leer directamente y descubrir que Carlos y el tándem que formamos desde hace años Nicolás Kwiatkowski y yo nos habíamos enfrascado a la par en un mismo tema —las masacres modernas y los modos de contarlas o
representarlas—, habíamos desenterrado, por así decirlo, las mismas fuentes —el Book of Martyrs de John Foxe, los grabados de Perissin y Tortorel sobre las guerras religiosas en Francia, el Teatro de Richard Verstegen, las ilustraciones de De Bry para la edición latina de la Brevísima, escrita por el padre Las Casas y publicada en Frankfurt en 1598—, habíamos procurado definir los procedimientos de transmisión de las imágenes y las metáforas entre horizontes diferentes y lo habíamos logrado de forma muy parecida. No sólo eso, sino que me tocó la suerte, en buena hora, de escribir el prólogo del volumen donde Salamanca ha decido volcar y publicar sus textos. Me asiste entonces el derecho de decir que las coincidencias con
los dispositivos deducidos por el colega me proporcionan elementos, si no de certeza respecto de lo investigado y postulado, al menos de una cierta confianza en torno a la validez de nuestras búsquedas y resultados mutuos. El ver confirmadas hipótesis, matrices conceptuales, conclusiones, casi en simultáneo por otro científico de nuestras disciplinas, es, por cierto, un hecho a celebrar, pues demuestra que no andábamos desencaminados en el territorio complejo y poco frecuentado de las representaciones de los traumas colectivos, en un pasado de cuatro siglos atrás, o de sus proyecciones, útiles para la comprensión de la vida histórica del presente. Aunque no creamos demasiado en el Zeitgeist, podemos permitirnos el
señalar en los dolores, las perplejidades y las urgencias por entender el mundo actual, que mi generación y la de Carlos y Nicolás compartimos, el sustrato común e intenso del cual han nacido las semejanzas, prima facie asombrosas, de fines, documentos y métodos utilizados. Digámoslo en los términos de Carlo Ginzburg. Hemos empleado el mismo lenguaje
etic para formular preguntas al pasado y supimos descifrar de maneras concurrentes las respuestas en lenguaje emic que nos llegan de las fuentes literarias e iconográficas, tan alejadas en el tiempo.

Ahora bien, la segunda razón de la sorpresa. Una vez analizadas las convergencias, debo indicar los apartamientos. Por nuestra parte, los escritos que Nicolás y yo produjimos alrededor del tema de la representación-explicación de las masacres se asientan en un abordaje tozudamente historiográfico, vale decir, un modo racionalizante de aprehender el pasado, que se empeña en construir y preservar una distancia existencial entre el relato y la materia desvanecida de lo narrado. Carlos
Salamanca, en cambio, pivoteó sobre la memoria, esto es, la facultad de la mente y de la experiencia humana que anhela preservar lo acaecido en el pasado con una vitalidad y una pregnancia tales que convierten lo pretérito en un desgarramiento del presente. Por ello, Salamanca genera una herramienta de estudio y comprensión de los materiales históricos, la
muy densa y rica categoría de “mediaciones de memoria”, que introduce una paradoja interesante en nuestro contrapunto. A quienes nos hemos recostado tanto en la teoría y en el método de Aby Warburg a la hora de construir nuestra propia brújula para orientarnos en el pasado, esto es, el concepto de “fórmula de representación de la masacre histórica”, entonces, a historiadores como los que Nicolás y yo pretendimos ser, Carlos nos recuerda que si hay un factor warburguiano por excelencia en el proceso de comprensión de lo humano, tal es la memoria, alegorizada por Mnemosyne, madre de las musas y nombre del proyecto máximo del Warburg sismógrafo de las culturas. A decir verdad, hemos subordinado la memoria a la razón, Mnemosyne a Atenea, Alejandría a Atenas. Por eso, nos ha venido de perlas este libro de Salamanca para saber que la
combinación dialéctica de la ilustración historiográfica y los mecanismos mnémicos (claro que éstos no serían los artificios del ars memorandi, sino las figuras indeterminadas y creadas a perpetuidad de la materia viva, pasada, presente y perenne tal cual la concebía Giordano Bruno), el salto de la una a los otros y viceversa es el método que necesitamos para entender tanto qué nos diferencia del pasado cuanto qué perdura latente e irrumpe de él en nuestras aventuras de hoy.

José Emilio Burucúa (UNSAM)
Buenos Aires, 21 de abril de 2015

SUJETO. Léxico de teórica política

Esta compilación fue realizada por el Programa de Estudios en Teoría Política radicado en el CIECS (CONICET y UNC). El Programa estudia una serie de posiciones teórico-políticas contemporáneas desde las cuales se piensa lo político desde un punto de vista posfundacional. Desde hace más de 10 años desarrolla investigaciones en dos sentidos: por un lado, estudios teóricos sobre autores inscriptos en esta corriente como Jacques Derrida, Michel Foucault, Jacques Lacan, Gilles Deleuze, Louis Althusser, Ernesto Laclau o Judith Butler; por otro, estudios empíricos sobre procesos políticos contemporáneos desde las categorías ofrecidas por este marco teórico. En este sentido, el Programa ha publicado una serie de libros al respecto: Ontologías políticas (Imago Mundi, 2011), Sujeto. Una categoría en disputa (La Cebra, 2015), Estado. Perspectivas Posfundacionales (Prometeo, 2017).

En relación al libro, estos trabajos que se presentan en torno a la categoría “sujeto” en teoría política busca facilitar al/la lector/a en español algunos textos significativos de diferentes corrientes actuales que abordan la categoría. Trabajaron específicamente en las traducciones de la compilación Emmanuel Biset, Juan Manuel Reynares, Sofía Soria, Carolina Juaneda, Daniel Groisman, Fernando Chávez Solca.

Índice

Prefacio

Jean-Luc Nancy: “¿Quién viene después del sujeto?”

Alain de Libera: “Arqueología del sujeto”

Etienne Balibar: “Sujeción y subjetivación”

Sandro Chignola y Sandro Mezzadra: “Fuera de la política pura: Laboratorios globales de la subjetividad”

Jelica Šumič Riha: “La infinitización del sujeto”

Ranabir Samaddar: “La emergencia del sujeto político”